Solucionado el asunto de la rehabilitación, calmado el fuego de la ira, lo siguiente era hacerme las plantillas que me salvarían como corredor y me permitirían batir el récord de mi barrio, o al menos el de mi escalera. Confieso, más bien recuerdo, que era un poco ranar (o runer, como prefieras) en esa época (y lo fui mucho más en los años siguientes, lector), creo que todos lo hemos sido. El problema es no evolucionar, no pasar página, no darse cuenta. Es como seguir pensando que el Dios de la biblia existe, que la tierra es plana o que los políticos buscan el bienestar de los ciudadanos ¡espabila, joder! Los tiempos no importan, importa que te sientas bien con lo que haces.

Bueno, el caso es que volví al foro y encontré que en Madrid había (y hay) un podólogo deportivo muy prestigioso ¡el podólogo de algunos corredores profesionales! Joder, tenía que ir a ese, por supuesto. Se llamaba Rodriguez de la Furcia (o algo así, lector, no esperes que todo sea fiel a la verdad) y tenía su consulta en el centro de Madrid.

– “Hola, me gustaría pedir cita”

– “Si, dígame ¿para qué?”

– Para que me vea un grano que me supura en el culo, no te jode… “Soy corredor y tengo dolores de los que no me recupero”

Y me dieron cita. Y, por supuesto, yo seguía saliendo a entrenar con dolor. No hacía más de 30’ con mis Mizuno de gama baja y me volvía a casa, siempre, con algún dolor ya fuera en la rodilla, ya en la cabeza por no poder entrenar cómodo. Y es que así no se puede, no se puede llevar un matrimonio insoportable, una mujer que intenta que no seas tú desde el primer momento. No se puede soportar la cobardía propia, esa que no te permite mandar todo a tomar por culo e iniciar una nueva vida. Es complicado aceptar que escapaste de una madre tóxica y dominadora para caer en las redes de una mujer con las mismas características… la historia se repite, lector. Y claro, sin las maravillosas endorfinas y su chute ¿qué podía hacer? Pues recurrir a endorfinas externas, joder… Bueno vale, por ahí las llaman cocaína pero eso es lo de menos, los polvitos de la felicidad.

Y tirando de tiros iba tirando (no sé si entiendes el juego de palabras lector, si no lo entiendes no es mi puto problema ¡espabila!) mientras llegaba la cita con el podólogo.

Llegó el día esperado y yo estaba desesperado ¡quería correr! Entre otras cosas, para compensar los excesos de los fines de semana, coño, que todo hay que decirlo. 90€ la consulta, ya podía ser rentable, ya…

Entré a la sala, después de esperar un poco fuera, y allí estaba el doctor de la Furcia y una… ayudante, supongo. En la sala, además, había una superficie plana que luego supe y comprobé que era un sensor de presiones. Había también una cinta de correr y un par de monitores.

– “Hola Luis, digo… ¡Benito! Hola Benito, cuéntame”

– “Pues llevo corriendo un año y poco, he hecho ya una carrera de 10km y cuando empecé a entrenar un poco más, tuve una condromalacia de la que no me recupero, la rehabilitación no me ha servido de nada”

– “Vamos a hacer una exploración física y luego un estudio de la pisada” (en ese momento se me despertó el sentido arácnido y rápido localicé un objeto que pudiera usar si esa exploración física incluía un acercamiento extraño a mi culo, era un pie de escayola que parecía adecuado para defenderme y romperle las narices a de la Furcia)

Pero no fue necesario. Me tumbó en una camilla, examinó la movilidad de mis tobillos, rodillas y caderas, y luego me hizo ponerme de pie y me echó un vistazo por delante y por detrás. Más o menos el mismo vistazo que yo le había echado a su ayudante, pero con otro propósito…

Y soltó una frase que ha debido repetir miles de veces, al fin y al cabo hay que hacer caja: “necesitas plantillas, vamos a confirmarlo con el estudio de presiones, pero casi seguro”. Os imagináis a un podólogo deportivo que te diga “podría hacerte unas plantillas, pero sería una solución temporal y cara que te obligaría a renovarlas cada cierto tiempo durante toda la vida y, además, podría debilitar más ciertas cadenas musculares que ya tienes débiles y son el origen de tus dolores. Si quieres una solución a largo plazo te recomiendo tomártelo con calma y fortalecer esas cadenas musculares.”

¡Ojo! Haberlos haylos, incluso los hay partidarios del minimimalismo (de esto hablaremos en otro momento), pero no era el caso del doctor de la Furcia.

El estudio de presiones consistió en hacerme andar y pararme en la superficie plana que te dije antes. Además, me hizo trotar un poco en la cinta y luego lo vimos todo en un monitor. La grabación y los gráficos de presiones confirmaban la sentencia: necesitaba plantillas. Pero es que además NUNCA PODRÍA CORRER SIN ELLAS. Tenía las piernas en genu varo (mis años de judo tenían algo que ver al parecer) y eso afectaba a mis rodillas y mi forma de pisar, había que arreglar eso.

Pues vale ¡una solución quiero!

– “Si quieres hacértelas te damos presupuesto”

– “Vale, claro que quiero”

– “Pues las plantillas terminadas te saldrán por 280€ y eso incluye tomar el molde, hacer las plantillas y una revisión de las mismas”

Joder ¿y por 280€ no puedo darme un revolcón con tu ayudanta en el sitio ese de las presiones? Estaría gracioso ver en rojo intenso la zona del culo caza vez que empujo, si quieres te dejo grabarlo para que luego analices si tengo los mofletes del culo alineados…

No se lo dije, me daba cierto apuro, así que dije que vale ¿qué podía decir? Era un consumidor desesperado y desinformado sin tiempo ni ganas de informarme. Me tomaron un molde de mis pies en yeso y me dijeron que volviera en unos días a por mis plantillas y a pagar.

Y volví, y allí estaban las plantillas para probarlas, con su talón elevado y con su refuerzo en el puente del pie. ¡Eh! No importaba, era el comienzo de una nueva era ¡ahora iba a correr! Iba a solucionar todos mis dolores, iba a correr como un gamo, a volar como un cóndor por encima de las montañas, a disfrutar como un enano, a gastar dinero como un gilipollas pues, a parte de los 280€, esas putas plantillas no entraban en mis Mizuno. Para ser más correcto he de decir que si entraban, pero muy muy justas. De la Furcia me recomendó unas que me irían bien, unas Asics Nimbus, gama alta de Asics y económicas por mis cojones, valían una pasta, otros 150€. Yo sólo quería irme de allí cuanto antes y buscar unas zapatillas a un precio más razonable en las que pudiera meter mis plantillas.

Pagué, y me fui con mis plantillas y una cita para revisión unas semanas después.

Y así es, lector, como empezó una nueva vida como corredor. Si quieres saber cómo fue el proceso de adaptación y cómo corrí mi primera media maratón, tendrás que esperar a siguientes episodios.