Hola homínido, hace tiempo que me ronda por la cabeza la idea de escribir ficción. Mezclar hechos reales, información sobre el mundo del corredor, experiencia personal y un poco de imaginación para escribir en un estilo que pueda parecerse al de una novela negra (qué atrevido soy).

Serán relatos breves, sobre la marcha, en los que reflejaré las experiencias de mis maratones y otras carreras, las lecciones aprendidas sobre alimentación, lesiones y entrenamientos. En ellos dejaré salir esa parte que solemos ocultar, esa que quiere matar a todo el mundo para librarse de molestos humanos, esa que odia, esa que se esconde en las sombras de la conciencia.

Espero que te resulte divertido y entretenido. Aquí va el primer texto…


 

Se lo merecía, esa zorra se merecía que le reventara la nariz como hice. Tratar de ese modo a un pobre perro no merece otra respuesta, me hizo sentir de puta madre notar cómo crujía su tabique nasal, cómo cedía al impacto con mis nudillos y cómo de inmediato sus lagrimales empezaban a chorrear. A juzgar por sus gritos a ella no debió hacerle sentir tan bien pero ¡que se joda! La próxima vez se lo pensará antes de pegar a su perro y hacerle chillar de dolor ¡el pobre animal sólo quería descansar un poco a la sombra! Cosa que, por otro lado, es comprensible en un caluroso día de abril.

 

Y es que ese año en Madrid el mes de abril llegó con ganas, los maratonianos habíamos pasado todo el invierno entrenando con frío y de repente calor, mucho calor, más de 25º algún día. Y eso, cuando estás en medio de una tirada larga preparando tu primer maratón, se nota mucho, afecta mucho, baja el rendimiento y sube la mala leche de forma inversamente proporcional. Vale, igual fue un poco exagerado partirle la tocha pero es que ya no me apetecía seguir corriendo, iba cansado, con calor, y deseando terminar ese último entrenamiento largo que me permitiría estar donde estoy hoy: corriendo mi primer maratón en Madrid. Y claro, tuve que pararme a evitar esa agresión inhumana y eso me puso más de mala leche. Se lo merecía, joder. Igual las dos o tres patadas en las costillas habían sobrado, creo que con lo de la nariz ya le había quedado claro, pero ya no pude parar, el perro me miraba con ilusión, hasta emocionado ¡yo creo que sonreía! Vi en sus ojos el placer de ver cómo tu verdugo probaba las mieles amargas de sus propias acciones. Un perrete majo ese pitbull rednose, para que luego digan que son agresivos… mis cojones. Agresivos son los humanos que les educan mal y les tratan mal, como esa pija estúpida.

 

Hola lector, me llamo Benito Carrizosa (Ben para los amigos) y soy corredor, o lo era en 2008, ahora ya no sé si lo soy, no estoy muy seguro de casi nada excepto de una maldita cosa ¡no soy un raner de mierda!. Si te apetece seguir leyendo, voy a contarte la historia de mi primer maratón y de todo lo que aprendí sobre plantillas, alimentación y tipos de pisada mientras lo entrenaba.

 

Estoy en el km 30, saliendo de la Casa de Campo y me veo una gota de sangre en la zapatilla… sangre seca de la maltratadora de perros. No, no he lavado las zapatillas, no me he querido arriesgar a que mis Nike Vomero se degraden en la lavadora, necesito toda su amortiguación dándome servicio. El caso es que viendo esa gota de sangre me he acordado de la historia de la nariz y eso me ha servido para evadirme unos minutos del infierno que voy pasando, pero deja que comience por el principio.

 

¿Y cuál fue el principio? La verdad, no lo tengo claro ¿fue cuando empecé a correr? ¿fue cuando decidí correr un maratón? Empezaré por ahí para no aburrirte. Te voy a contar, a mi manera, la aventura de preparar un maratón, todo lo que aprendí sobre alimentación en carrera, sobre entrenamiento y sobre lesiones. También sobre los distintos modos de tomar partido en crear una sociedad mejor, libre de rémoras y escoria. Hago lo que puedo.

 

Corría el año… ¡qué cojones importa que año era! Era un año, punto, y yo vivía una idílica vida de padre/marido/currito que me tenía hasta los huevos de mi mujer, hasta los huevos de mi trabajo y hasta los huevos de no saber cómo hacer callar a tres niños pequeños ¡tres!. Tenía una preciosa mujer que, desde que nos casamos, se empeñó en cambiarme y modelarme a su gusto y al de su madre. Tenía un fantástico trabajo con un sueldo aceptable en el que estaba totalmente capado y no tenía opción alguna de aportar nada. ¡Eh! Pero era feliz, te lo juro, una casa aceptable en un barrio aceptable lleno de aceptables retrasados que se creían de clase alta. Todo era muy aceptable… todo menos yo. Yo no aceptaba mi trabajo, ni aceptaba que me quisieran convertir en algo que no era, ni aceptaba el modo en que la sociedad daba por hecho que tenía que tratar a mis hijos.

 

Así que hacía deporte, corría para escapar. Escapaba de la mierda, una mierda gigante que me perseguía con hambre e intención de engullirme. Podía olerla en mi día a día, casi todo olía a mierda… excepto cuando corría. Cuando salía a correr o iba a alguna carrera solía oler a calma, a risas con mis compañeros de entrenamiento (el largo, el culopollo y el babas, tres tipos extraños pero buena gente) o a réflex.

 

“Me voy a apuntar a un club de atletismo, quiero preparar un maratón” le dije a Olga, mi mujer, mientras cenaba después de hacer un rodaje de 10km a 5’.

Me miró con cara de “ya estás otra vez con tus gilipolleces” y me soltó un “¿no decías que los que corren maratones están locos?”.

Si, zorra, pero puedo cambiar de opinión y tu podrías, por una puta vez, fingir que no te molesta y que te hace ilusión… eso pensé, pero por supuesto no se lo dije, era un mierda. Le dije “si, pero me apetece” pero ella ya no me prestaba atención, el programa de telebasura de turno era más interesante.

 

Al día siguiente entré en la web de elatleta.com y me di de alta en el club. Hacía tiempo que entraba en el foro de la misma web, desde un tiempo después de empezar a correr, buscando en internet información sobre mis primeros dolores corriendo, di con el foro en yahoo y me di de alta. Era un usuario bastante activo ávido de aprender y de leer crónicas de otros corredores, en el foro me sentía protegido de la mierda, el foro no olía a mierda. Y así es como conseguí un plan para preparar mi primer maratón. Yo, un mierdecilla con plantillas (luego te lo cuento, lector) iba a preparar un maratón e iba a correrlo. Ahora olía a mierda pero era yo, que estaba cagado.

Continuará…